miércoles, 26 de marzo de 2014

Eternidad.

La eternidad que yace en tu mirada puede ser lo que me enamora. Inmortal me volveré cuando muera en tus besos, y me desangre en tus caricias. Dejaré de respirar con el vaivén de tus cabellos al viento, y mi oxígeno será el veneno que nace de tu angustia. No entristezcas, no quiero ver en tu rostro ni una sola mueca de algo que no sea vida. Me he propuesto resucitarte, y sacrificaré mi cuerpo para que sonrías. No llores cuando descansen mis huesos bajo tierra, o cuando se convierta mi rostro en nada más que vil ceniza. Te prometí amor eterno aunque no sea digno de él, y hoy moriré para que mis entrañas no sufran más por ti, ni tú sufras más por mis entrañas. Dormiré en las nubes, y así cada vez que llueva recordarás, que, aun sin estar contigo, te acompañará siempre mi alma, que en lágrimas extrae de tu memoria, el inconfesable deseo que tuvimos de estar juntos cuando tú te engañabas creyendo, que imposible sería nuestro amor eterno.

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