Cada segundo, cada segundo que pasa, que paso, lo invierto en analizar como te veo incluso cuando no te estoy mirando, te imagino y me escalofría soñar con que es real el baile de tus manos, el ritmo de tus movimientos, la fluidez de tus giros. Pero me alegra tanto soñarte como me decepciona el hacerlo, y así, cada segundo.
Constantemente, constantemente pienso en ti, constantemente te echo en falta y atrapado en mis pensamientos libero un cúmulo de sensaciones. Tus gestos, tus manías, tus cualquier cosa son una excusa más para recordarte. Y así, te recuerdo constantemente.
A veces sí, a veces sí te mataría sin rencor, a veces sí te mataría pero a poesía, y otras veces te estrangularía con mis versos nacidos bajo el cobijo del idilio más certero. A veces no, a veces no te mentiría con versos maquillados por tu imagen en mi cabeza, y así, te darías cuenta de que solo con tu ausencia, soy capaz de ser aquel intento de poeta que pretende acariciarte con algún párrafo agradable, y que a veces, sí te echaría tanto de menos, como para que en un desgarro del alma, escriba otro verso con el que consiga que a veces, no sienta tan lejos tu piel, y más que con palabras, con la mano que te escribe, pudiera acariciarte.
Y así, te echo de menos hasta que muero y consigo acercarme, aunque solo sea por un segundo, un segundo que disfruto constantemente en una eternidad a la que solo llego, dependiendo de mis versos; a veces sí, a veces no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario