Nunca la había visto, ni siquiera le sonaba su cara de algún recuerdo lejano, de cualquier cruce fortuito en una calle, o de una mirada incontrolada en el tranvía. Pero tenía la sensación de que ya la conocía, de que era el tipo de mujer por la que se había sentido atraído últimamente. Llevaba una mala racha, y las mujeres que conocía entraban en él y le dejaban vacío, exhausto, se llevaban su alma a cambio de unas cuantas palabras que sonaban bien, y una noche más sin dormir.
Pero esta vez no sería igual, se había cansado de obedecer a la belleza y de ser dominado por este tipo de mujeres, pero volvió a caer en sus garras, y absorto, fue absorbido de la realidad.
Que siempre entraba sin llamar, que no necesitaba pedir citas, que era arrogante e impredecible, y sobretodo, que siempre tenía las palabras adecuadas para cada momento, era lo que le enloquecía de tal dama. Gallarda y pasional, se enfrentaba con valentía a las adversidades y nada le daba más miedo que no poder soñar, le gustaba divertirse con los poetas, se acostaba con ellos hasta las tantas sin darles ni un descanso, disfrutaba solo de los verdaderos sufridores, y le susurraba al oído del que escribía sus lágrimas, las palabras perfectas para cada momento. Era fugaz y despiadada, le gustaba cambiar las copas de vino por lágrimas de sangre en ojos de cristal. Aparentaba seguridad y talante, pero era tan frágil, que igual que venía, moría entre líneas y desaparecía sin que nadie se diese cuenta. Alegraba con sufrimiento a los poetas, deliraba con pensamientos indomables y tiritaba de miedo, de miedo al abandono, pues, aunque jugaba en las noches de quien no podía dormir, a ella, nunca pudo acompañarla la inspiración.
Gracias por ser quien me hace compañía, a pesar de saber que no es a ti a quien quiero:
Premio a la inspiración,
es nuestro esfuerzo,
escribir a sangre,
jugarse la vida
y el corazón,
cada día,
en cada verso.
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