jueves, 14 de noviembre de 2013

Sueños a diario.

Buenos días, diario:

Imaginé que sus cálidas palabras eran la banda sonora que me arropaba en mis mañanas frías, que al despertar un beso automático me daba los buenos días. Era odioso empezar a soñar con su agradable existencia justo al levantarme de la cama. Los días pasaban tirando del pañuelo que parece que nunca acaba del payaso, hasta que intentas respirar y te agotas. Me he rendido, me he rendido y no tengo fuerzas para seguir soñando con coincidencias que me empujen a sonreír. Antes de que me vuelva loco, de que intente hacer realidad mis sueños a base de cazar pájaros o atrapar mariposas, prefiero dar paso a la tranquilidad de ser sumiso para protegerme de las espinas de su aliento que se clavan en mi nunca como brisa del recuerdo. Será el primer libro que deje a mitad, consecuencia de que a cada página que paso sufro; sufro y oigo como caigo en otoño por dentro, rasgando hojas del calendario que escupen su sangre en mis heridas mal curadas con tinta. Le doy la forma de tu alma a cada sombra, y lleno de oscuridad la habitación en la que duermo, con miedo a que vuelvas a encender la luz y me despiertes, en otro sueño en que sueño con tu ausencia, con que me faltan fuerzas para alzar el alma y luchar contra las fieras garras de la tristeza cuando el destino la obliga a atacarme y así, enseñarme, que deje de soñar sin ti, pues aun aparece otro oasis que no es espejismo en mi desierto, ni fruto de mi imaginación, sino la posibilidad de poder volver a vivir un sueño contigo.

Buenos días, son las 12 de la mañana ya, y me acabo de levantar, una infusión caliente, los pies en el suelo bien fríos, y una fuga en mis labios con ayuda de un mechero, para escaparme del ensueño tenaz que alimentó su ausencia, volviendo a recargarme de entusiasmo, haciendo cada vez más difícil que se gasten las pilas de mi memoria y se apague su recuerdo.

No sé que hora es, pero ya no hay humo, y en mi mesa de noche solo hay una colilla y un cenicero medio lleno, pienso en si podría ser una metáfora de mi mismo, en que quizá mi tristeza se suicide con otro tabaco marcado con carmín y un cenicero a rebosar. 

Ya se ha hecho de noche, y mi día ha pasado como últimamente pasa todo, de manera automática, sin darme cuenta vivo como vive alguien feliz, separando mi cuerpo de mi alma, y dejando que esta última sea un espectador en primera persona de un ser vivo pero inerte. Al mediodía, después de haber comido, tuve un hormigueo en el pecho y mis pulsaciones aumentaron, estoy acostumbrado a que me pase y no me asusto, pues, son los únicos momentos de lucidez que poseo, y en ellos me posee a mi mi alma, creando pensamientos a imitar con mis palabras; inspiración lo llaman, respiración le digo yo. 

No duró mucho mi suerte, pero cuando había escrito el punto final, me alegró haber creado algo decente y descubrir que aun no era el robot que imaginaba. Releí unas cuantas veces más mi última escritura e incluso me pareció haber sentido algo, un suspiro del alma quizá, un soplo de vida, de esperanza, algo que me ayudaba a creer en el sueño que estaba viviendo.

<<¡Soy un humano de verdad!>> Exclamé. Me sentía feliz, me sentía, me sentía capaz de sentir, de reír, de llorar, de echar de menos, de añorar, de odiar y de amar, notaba que lo que pensaba no era el fragmento de una novela que había almacenado en mi memoria, sino que era algo que yo sentía y que quería expresar, que eran mis propios sentimientos y no los de un poeta que había leído.

Estaba tan feliz, tan feliz de que reales fueran mis ganas de luchar por no perder mis oportunidades y por poder llevar a cabo aquellas palabras que otro día soñaba decir a mis hijos imposibles, la posibilidad de aconsejarles con una metáfora inventada por mi mismo, como tenían que vivir, comprendiendo el sentido de la vida cuando les diese a entender que hay que exprimir las naranjas antes de que otro se las coma, y así ellos triunfaran en la vida, siendo este el triunfo de su padre.

Pero... ¿que digo? Me doy cuenta de que todo esto solo es un sueño, y que sigo siendo el mismo cuerpo duro con alma de metal, que es incapaz de estar triste y de sentir, comienzo a llorar, a llorar como nunca, o eso sueño, y de nuevo se meten mis lágrimas en los circuitos y saltan chispas y ardo, me quemo y muero, comprendo que de nuevo todo esto es un sueño, que me he quedado dormido, y que cuando se hagan cenizas mis tornillos, despertaré y no me acordaré de cuando fui humano y te eché de menos, de cuando tenía ganas de luchar por ti y no quería creérmelo. Otra noche más me consuelo sabiendo que al menos así, tampoco echaré de menos, vivir un sueño.

Buenos días, hoy al levantarme ella seguía durmiendo, mientras, el pequeño y yo, le preparamos un zumo de naranja natural para su madre, no sé por qué, me levanté con muchas ganas de quererlos, con la sensación de haber sido incapaz de echarlos de menos, y aunque no lo comprenda, pienso aprovechar las ganas que tengo de estar con ellos, para disfrutar de mi vida como nadie, ni en mis mejores sueños.

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