Sumergido entre hojas encontraba a alguien quien me escribiese, pasé a ser todo un caballero enamorado desde un humilde folio en blanco. Volví hacia atrás tantas veces como páginas rotas había en mi interior, hecha pedazos se encontraba la historia en la que yo solo podía avanzar si la tinta esculpía palabras en forma de sentimientos línea tras línea...
Y al final, cuando parecía que todo iba a acabar entre ella y yo, cuando se ponía el último punto y final, apareció ella, y en lugar de eso, escribió los tres puntos suspensivos con los que darle esperanza a esta historia, en la que ahora nadie podría escribir que pasaba, pues había llegado el final que daba inicio a lo que todos queremos, la libertad.
PD: Gracias vida, por enseñarme que la única libertad, es la muerte.
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