viernes, 31 de enero de 2014

Espacio temporal.

Cada segundo, cada segundo que pasa, que paso, lo invierto en analizar como te veo incluso cuando no te estoy mirando, te imagino y me escalofría soñar con que es real el baile de tus manos, el ritmo de tus movimientos, la fluidez de tus giros. Pero me alegra tanto soñarte como me decepciona el hacerlo, y así, cada segundo.

Constantemente, constantemente pienso en ti, constantemente te echo en falta y atrapado en mis pensamientos libero un cúmulo de sensaciones. Tus gestos, tus manías, tus cualquier cosa son una excusa más para recordarte. Y así, te recuerdo constantemente.

A veces sí, a veces sí te mataría sin rencor, a veces sí te mataría pero a poesía, y otras veces te estrangularía con mis versos nacidos bajo el cobijo del idilio más certero. A veces no, a veces no te mentiría con versos maquillados por tu imagen en mi cabeza, y así, te darías cuenta de que solo con tu ausencia, soy capaz de ser aquel intento de poeta que pretende acariciarte con algún párrafo agradable, y que a veces, sí te echaría tanto de menos, como para que en un desgarro del alma, escriba otro verso con el que consiga que a veces, no sienta tan lejos tu piel, y más que con palabras, con la mano que te escribe, pudiera acariciarte. 

Y así, te echo de menos hasta que muero y consigo acercarme, aunque solo sea por un segundo, un segundo que disfruto constantemente en una eternidad a la que solo llego, dependiendo de mis versos; a veces sí, a veces no.

martes, 7 de enero de 2014

Gloomy sunday.

Era un miserable, por mi sangre corría el fracaso y mis pulmones se vaciaban con cada bocanada de un intenso humo de vergüenza. Sin embargo, inexplicablemente aun seguía intoxicando mis entrañas con cada segundo que seguía vivo. Me pregunté cientos de veces que me forzaba a seguir viendo como pasan los días, contemplando como en cada uno de ellos, deseo más aun el fin. No obtuve respuesta y de ella, fue fruto la explicación de mi existencia. Dios me ha dado el mayor regalo que un hombre pueda recibir, y lo ha hecho de manera que no turbe el futuro, el haberlo conocido. A las almas sin vida que recorren los segundos, a esas almas que mueren más que viven cuando deambulan, a esas almas que se merecen la recompensa más penosa, Dios se las brinda cuando llega el momento adecuado. Por eso, hoy, a mí, el escombro de una vida, Él me da la llave que me ayude a escapar de estar preso en esta pesadilla insomnica. Goza de generosidad y me tiende un camino hacia el más penoso deseo.

¿Aun seré tan miserable que ni si quiera seré capaz de aceptar un regalo de Dios? Dudo tanto de mi fe en la vida como en la muerte, penosa indecisión que me abraza. Me acecha el miedo a equivocarme y me empuja a una catarata de incertidumbre con una caída inevitable, pues mis fuerzas por seguir en pie, por correr entre mis miedos y mis recuerdos atravesando los matojos del fracaso, por cumplir aunque sea mi último deseo y comenzar una nueva vida allá en lo que llaman muerte, allá en lo que llamo suerte, se asfixian por el cansancio de una vida de decepciones y lágrimas, que más que lágrimas son pedazos de un alma que tirita por el frío de una nocturna atmósfera.

Así, más miserable que hace un par de pensamientos, sigo intoxicándome de vida y soñando con respirar una muerte permanente, en la que no lata mi corazón, pero se oxigene mi alma. Ahora ÉL retuerce mi deseo y lo transforma en vergüenza. Mi sangre recorre el destino de aquella catarata y se ahoga con el tiempo. Descanso en un universo de finales, y paciente con los días, espero.