Soy la sombra de mi mismo,
que avanza por la calle,
esquivando las luces de los coches y las farolas me refugio
en la oscuridad de mi propio abismo,
paseando, pensando en la mirada que hace que me calle.
Voy solo con tu sonrisa de la mano y no me suelta,
me esfuerzo por escapar de sus zarpas y me agota,
pasan las horas,
me rindo, y en tu recuerdo me abrigo,
y acepto que mejor sufrir sin ti,
que pasar frío contigo.
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