martes, 24 de diciembre de 2013

Magic dreams




Las sonrisas eran explosivas y las miradas estallaban.
¡PUM! 
La alegría acosaba a todas las almas 
que inútilmente intentaban escapar.
Todos buscaban esa magia sin saber muy bien que era,
se reunían de todas partes de la ciudad,
de todas las ciudades del mundo,
y borraban con patadas en el suelo las fronteras.
Liberaban las pasiones y encerraban sus tristezas,
volaban los problemas y se esfumaban las penas.
Movimientos de piernas, giros de caderas,
cristales rotos por el suelo, 
manchas en las camisas que limpiaban sus almas.
Las heridas se curaban con cada nueva nota,
viajaban al éxtasis con cada paso nuevo.
La música latía dentro de todos los que estaban en ese bar,
sus corazones vibraban dentro de cada instrumento,
de cada tecla.
Volaba en el ambiente algún pájaro,
olía a un perfume que no venía en frasco,
como a un sudor con el que se iban las gotas que un día colmaron el vaso.
Los vasos, las copas, las botellas,
la ausencia de remordimientos,
el perdón común por todos los pecados,
la unión de una paz solidaria,
la verdadera belleza de cada humano.
Se desnudaban las sonrisas,
se despojaban de los complejos,
de la vergüenza y los prejuicios,
se vestían con un traje color seguridad.
La perspicacia de una mirada,
la puntualidad de una sonrisa,
la precisión de un gesto,
la agudeza del ambiente,
la sensualidad que se palpaba.
El sereno que invadía la noche
se vaporizaba dentro de ese antro
con cada nueva nota que nacía del piano.
Parto tras parto, 
nacía un ritmo nuevo,
hasta que el bajista,
con unas últimas caricias a sus cuerdas,
el pianista,
con unas últimas caricias a sus teclas,
el batería, 
con unas últimas caricias a sus baquetas,
y aquel cantante desconocido que una noche más,
se había convertido en el héroe del lugar,
bajaban del escenario que,
durante unas cuantas canciones,
había sido su altar.
La gente cogía su abrigo y volvía
sin casi darse cuenta a la cruda realidad,
pero con el recuerdo de otro día 
en el que las sonrisas de aquel bar,
las había puesto el jazz.

Chico Hamilton (21/09/21-26/11/13)

Personifi-jazz-tion.



Así eres tú, impredecible como la siguiente nota cuando improviso, impresionante como la luz con la que alumbras mis pensamientos más oscuros. Huracán de pasiones, tormenta de sorpresas, como cuando sin esperarlo vienes tú y me besas. Aceleras sin frenos, me atropellas, a mi y a mis sentidos, me enloqueces y me salvas. Aceleras mis pulsaciones, me atropellas, a mi y a mis miedos, me enloqueces si me abrazas. Consumo sin reparo de tus caricias, atrapo el cielo y lo siento entre mis brazos si te abrazo, el viento me acaricia suave, tal brisa, luego consigues que entre un frío por mis pies y entonces me erizo, siento un escalofrío, y un fino hormigueo en mi estómago se forma, producto automático de aquellas mariposas que traen la mejor primavera a mis inviernos, que me alegran si entristezco, que son la semilla que trae miles de frutos y razones por las que te quiero.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Alcoholizamiento.

Alcohol era un bar en el que los recuerdos se nublaban,
donde las cervezas pedían llenas de mentes sus jarras. 
Había un piano que tocaba la nostalgia de una manera perfecta,
y el saxo tocaba sobre una mujer hecha pedazos.
Soledad siempre acompañaba a sus clientes, 
empujaba a emborracharse a las almas tristes. 
El suelo de ese antro era fregado con las lágrimas de un cualquiera,
pero desgraciadamente todo el mundo iba, 
el truco estaba en las camareras.
Sexys, precisas, preciosas sus sonrisas,
te engañaban sus miradas si pensabas irte, 
alcoholizaban tus pensamientos con ojos de nostalgia. 
En ese lugar no había hueco para lo común, 
la moral se escondía en la espuma de la cerveza, 
las verdades se jugaban como cartas en la mesa. 
Apostar al futuro siempre era perder dinero, 
pero todos lo hacían con cada trago de tristeza, 
siempre que salían vacías, sus carteras. 
Era fugarse de una pesadilla sentarse en la barra de ese bar, 
pero te hacía soñar cada grado de licor que te besaba los labios. 
Sin duda, era un bar cualquiera, 
era el sitio más común para el borracho de tristeza, 
aquel que bebe lágrimas de sangre 
y vacía su alma si algún recuerdo oscuro y amargo, 
moja sus entrañas con cerveza.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Literatura marítima.

Vivo en busca de una nueva frase que me empuje a escribir como nunca antes lo he hecho. Se llenan de fuerzas mis palabras cuando pienso en que mi mejor texto aun está por llegar. Surco mares de dudas, me ahogo en mis ideas y solo consigo respirar cuando el alma consigue dar un suspiro con el que soltarme alguna que otra palabra que alimente mis lágrimas. Llego a buen puerto si encuentro el momento adecuado para una pausa, para una coma, un punto, o alguna locución precisa. A veces, en medio del viaje, alguna gran ola de inspiración choca con mi barco de palabras, y tambalean en mi mente miles de ideas, algunas caen y se hunden, otras perecen y las escribo. Cuando ya llevo un buen rato navegando sin rumbo, encuentro en mi camino a algún marinero que consiguió sobrevivir a las grandes tormentas, y lo rescato con una nueva frase. Me siento un buen capitán cuando escribo y quedo satisfecho, soy quizá un héroe, que más que salvar vidas, salva palabras de los peores mares de dudas, las rescata de las más fuertes tormentas de ideas, y cuando consigue escribir algo decente, echa el ancla con un punto y final, hasta otro nuevo viaje por la escritura.