miércoles, 4 de diciembre de 2013

Alcoholizamiento.

Alcohol era un bar en el que los recuerdos se nublaban,
donde las cervezas pedían llenas de mentes sus jarras. 
Había un piano que tocaba la nostalgia de una manera perfecta,
y el saxo tocaba sobre una mujer hecha pedazos.
Soledad siempre acompañaba a sus clientes, 
empujaba a emborracharse a las almas tristes. 
El suelo de ese antro era fregado con las lágrimas de un cualquiera,
pero desgraciadamente todo el mundo iba, 
el truco estaba en las camareras.
Sexys, precisas, preciosas sus sonrisas,
te engañaban sus miradas si pensabas irte, 
alcoholizaban tus pensamientos con ojos de nostalgia. 
En ese lugar no había hueco para lo común, 
la moral se escondía en la espuma de la cerveza, 
las verdades se jugaban como cartas en la mesa. 
Apostar al futuro siempre era perder dinero, 
pero todos lo hacían con cada trago de tristeza, 
siempre que salían vacías, sus carteras. 
Era fugarse de una pesadilla sentarse en la barra de ese bar, 
pero te hacía soñar cada grado de licor que te besaba los labios. 
Sin duda, era un bar cualquiera, 
era el sitio más común para el borracho de tristeza, 
aquel que bebe lágrimas de sangre 
y vacía su alma si algún recuerdo oscuro y amargo, 
moja sus entrañas con cerveza.

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