lunes, 2 de diciembre de 2013
Literatura marítima.
Vivo en busca de una nueva frase que me empuje a escribir como nunca antes lo he hecho. Se llenan de fuerzas mis palabras cuando pienso en que mi mejor texto aun está por llegar. Surco mares de dudas, me ahogo en mis ideas y solo consigo respirar cuando el alma consigue dar un suspiro con el que soltarme alguna que otra palabra que alimente mis lágrimas. Llego a buen puerto si encuentro el momento adecuado para una pausa, para una coma, un punto, o alguna locución precisa. A veces, en medio del viaje, alguna gran ola de inspiración choca con mi barco de palabras, y tambalean en mi mente miles de ideas, algunas caen y se hunden, otras perecen y las escribo. Cuando ya llevo un buen rato navegando sin rumbo, encuentro en mi camino a algún marinero que consiguió sobrevivir a las grandes tormentas, y lo rescato con una nueva frase. Me siento un buen capitán cuando escribo y quedo satisfecho, soy quizá un héroe, que más que salvar vidas, salva palabras de los peores mares de dudas, las rescata de las más fuertes tormentas de ideas, y cuando consigue escribir algo decente, echa el ancla con un punto y final, hasta otro nuevo viaje por la escritura.
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