Nunca he comprendido la educación la verdad, nos enseñan
cientos de cosas que supuestamente serán útiles en el futuro para poder tener
un buen trabajo y una buena vida, pero al mismo tiempo me repiten en casa que
el dinero no da la felicidad, entonces, ¿para qué me enseñaron a contar
millones en matemáticas si en esta vida solo se puede contar con dos o tres?
¿Para qué me enseñaron a hablar si luego en muchos momentos no iba a saber que
decir? ¿Para qué aprendí tantos idiomas si al final el lenguaje más importante
es el del corazón? ¿Qué necesidad tenía de diferenciar los colores si
supuestamente todos somos iguales? Podría seguir así, sacando las infinitas
preguntas retóricas que me invaden, preguntas que aunque no esperan respuesta,
tampoco la tienen, y es que siempre ha sido así, llegamos al colegio y empiezan
a enseñarnos cosas con la esperanza de que tendremos un gran futuro con un buen
trabajo, con una gran familia y siendo muy felices. Y ahora pensemos todos, en
ese compañero empollón que hemos tenido, que saca buenas notas en todo pero que
no tiene un solo amigo de verdad, ¿de que le sirven esas notas? Todos sabemos
que en el futuro, no podrá tener un trabajo de jefe si no sabe relacionarse con
la gente, no podrá encontrar el amor de su vida si emplea todo su tiempo en el
falso sueño de estudiar para tener un trabajo digno, entonces, a ese compañero,
¿qué le espera en el futuro? No tendrá el trabajo con el que gane mucho dinero,
ni tendrá una gran familia, pues si, ahora le pasará lo que ha muchos, se convertirá
en un cualquiera soltero que vive con sus padres y el cual ha sido derrotado
por la sociedad. Todo esto simplemente porque en el colegio optaron por
enseñarnos lo que decía en los libros, sin antes darnos unas cuantas clases
sobre la vida.
Puede que suene como la típica frase de mafioso del barrio o
de esa gente con pájaros en la cabeza que cree ser como los negros del Bronx que
ven en las películas por vestir como ellos, pero es cierto, que lo importante
de esta vida no se enseña en el colegio, y no se da en clase, solo, se aprende
en la calle, error tras error, piedra tras piedra, tropiezo tras tropiezo, y
siempre con la clave del éxito en la mente, levantarte una vez más de las que
has caído.
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