martes, 3 de julio de 2012

Como convencí a vuestra madre. Parte I


No es la historia más preciosa ni la forma más original de conquistar a una chica, no, no fue tampoco el momento más romántico del mundo ni fue uno de esos instantes inolvidables en los que cualquier persona que lo viviese o a la que se lo contasen, la emocionaría de tal forma que se le saltasen las lágrimas, no, no era perfecto, no, no lo era, para ustedes. 
Ninguna historia es más bonita que una propia ni ningún momento es más inolvidable que uno vivido por nosotros mismos, eso fue lo que aprendí después de escuchar, ver, y leer, tantas y tantas historias supuestamente preciosas y románticas que hicieron que me sintiese deseoso de tener una igual con cada uno de esos detalles, hasta que viví la mía propia y sentí que ninguna de esas historias famosas tan bonitas que simplemente perdíamos la esperanza de encontrar algo así, era tan bonita tan perfecta tan emocionante tan romántica y sobretodo, tan mágica, como la mía. ¿Por que sobretodo tan mágica? Porque en cada uno de los momentos de nuestra vida respiramos, sentimos, vemos olemos reímos lloramos sonreímos escuchamos amamos y queremos, pero solo y únicamente en unos pocos, se guarda algo que nos lleva más allá y hace que en nuestro corazón se guarde cada instante de ese momento en forma de diapositivas que se reproducen continuamente consiguiendonos sacar una sonrisa incluso en el peor de los momentos recordando como estuvimos ahí y secando todo rastro de esas gotas saladas llamadas lágrimas, que se escapan entre las rejas de unos párpados que luchan en vano contra nuestra naturaleza que nos induce a mostrar lo que sentimos y no reprimirnos nunca, pues esos momentos, en los momentos que al recordarlos nos sacan una sonrisa que hace que nos olvidemos de nuestros problemas, esos momentos, son los que tienen lo que tan importante es para mi, la magia, única, conocida por muchos, placer de algunos y privilegio de unos pocos, de eso gozaba ese momento tan especial en el que iniciaba mi historia con la mujer de mi vida, con la cual quisiera seguir compartiendo cada momento de mi vida, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, beso a beso, y sin aire que respirar, pero con ella, boca a boca.

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