Más que palabras, Filosopoesía.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Eternidad.
La eternidad que yace en tu mirada puede ser lo que me enamora. Inmortal me volveré cuando muera en tus besos, y me desangre en tus caricias. Dejaré de respirar con el vaivén de tus cabellos al viento, y mi oxígeno será el veneno que nace de tu angustia. No entristezcas, no quiero ver en tu rostro ni una sola mueca de algo que no sea vida. Me he propuesto resucitarte, y sacrificaré mi cuerpo para que sonrías. No llores cuando descansen mis huesos bajo tierra, o cuando se convierta mi rostro en nada más que vil ceniza. Te prometí amor eterno aunque no sea digno de él, y hoy moriré para que mis entrañas no sufran más por ti, ni tú sufras más por mis entrañas. Dormiré en las nubes, y así cada vez que llueva recordarás, que, aun sin estar contigo, te acompañará siempre mi alma, que en lágrimas extrae de tu memoria, el inconfesable deseo que tuvimos de estar juntos cuando tú te engañabas creyendo, que imposible sería nuestro amor eterno.
martes, 25 de marzo de 2014
Limosnas eternas.
Hace dos noches, o hace dos sueños, no acabo de aclararme, me vino una imagen a la cabeza, y desde entonces, no he sido capaz arrancarla de mis pensamientos sin deformarla. He buscado cientos de veces el camino por el que podría hacer que de mi mente saliese, pero, como en una mudanza, no cabía trasto tan grande como esa imagen por la puerta. Ni por la ventana. A veces, cuando creía que al fin conseguía trasladar aquel bártulo, me daba cuenta de que una de sus esquinas golpeaba con el marco de mi ingenio, e incapaz, volvía a rendirme. Desgraciadamente, todavía hoy sigo sin saber como sacar aquello de mi cabeza, y así, del reino de las calamidades eso que trataba de escribir no conseguía. Una y otra vez lo intentaba. Una y otra vez fracasaba. Cansado ya de tantos inútiles intentos, vi como la imagen escapaba con una facilidad majestuosa, pero yo, con sumo cuidado, temiendo que la fragilidad de aquello que descansaba en mi cabeza esperando que yo le ayudase a ver rayos de sol, o nubes grises, o lo que fuere que en el lienzo del cielo había pintado en ese instante, traté de sostenerlo un poco más, pues sabía que si no era hoy, sería mañana, cuan lograría al fin que Céfiro y sus vientos de la primavera, me llevasen al encuentro con las nueve hijas de Zeus y que, con un poco de suerte, consiguiese que a mis palabras las tocara Erato antes que Talia, y así, transformase aquella imagen en poesía divina.
Hoy, tras larga espera, nadie a venido a salvar esos versos que nacidos prematuros, han muerto en mis pensamientos. Como humo. Se desvanecen y lloro. No suelto ni una lágrima por ellos, pero me acongojo y sufro, pues, la tinta de mi bolígrafo cuando salga, ya no dará a luz al hijo que yo esperaba, sino a otros versos fúnebres que serán el recuerdo de aquel intento de poesía que un día fracasó, y que ahora, ya muerto, ampara nuevos versos ya no tristes por ser simplemente aquello que son, sino porque sepultan y aseveran que un día, dieron la espalda los Dioses a mi poesía.
Para mi sorpresa, como si rectificando estos su indiferencia ante mi espera de su ayuda, hacen que de las olas de los mares de inspiración en los que naufragué durante días, aparezca Afrodita y de su belleza, se nutran mis palabras, salvando así del asfixiante y aciago destino que nuevamente esperaba, a la maldita y funesta idea de que no consiguiera sacar de mi mente algún verso que aunque efímero ante vuestros ojos, fuera inmortal en el papel.
Cruel y afanoso,
infinito y eterno,
ímprobo y fatigoso.
Maldito camino
recorrido por poetas,
por emprendedores de versos,
esclavos de tan difícil empresa,
que sin pena ni gloria,
rescatan versos de la misericordia
de los Dioses divinos
que nos brindan un verso cruel,
triste y demacrado ya,
por las heridas que señalan
como un día lo recorrimos.
Cruel, afanoso,
ímprobo, fatigoso,
en el que gracias a las limosnas
de los misericordiosos,
consigo un nuevo verso,
eterno e infinito.
Hoy, tras larga espera, nadie a venido a salvar esos versos que nacidos prematuros, han muerto en mis pensamientos. Como humo. Se desvanecen y lloro. No suelto ni una lágrima por ellos, pero me acongojo y sufro, pues, la tinta de mi bolígrafo cuando salga, ya no dará a luz al hijo que yo esperaba, sino a otros versos fúnebres que serán el recuerdo de aquel intento de poesía que un día fracasó, y que ahora, ya muerto, ampara nuevos versos ya no tristes por ser simplemente aquello que son, sino porque sepultan y aseveran que un día, dieron la espalda los Dioses a mi poesía.
Para mi sorpresa, como si rectificando estos su indiferencia ante mi espera de su ayuda, hacen que de las olas de los mares de inspiración en los que naufragué durante días, aparezca Afrodita y de su belleza, se nutran mis palabras, salvando así del asfixiante y aciago destino que nuevamente esperaba, a la maldita y funesta idea de que no consiguiera sacar de mi mente algún verso que aunque efímero ante vuestros ojos, fuera inmortal en el papel.
Cruel y afanoso,
infinito y eterno,
ímprobo y fatigoso.
Maldito camino
recorrido por poetas,
por emprendedores de versos,
esclavos de tan difícil empresa,
que sin pena ni gloria,
rescatan versos de la misericordia
de los Dioses divinos
que nos brindan un verso cruel,
triste y demacrado ya,
por las heridas que señalan
como un día lo recorrimos.
Cruel, afanoso,
ímprobo, fatigoso,
en el que gracias a las limosnas
de los misericordiosos,
consigo un nuevo verso,
eterno e infinito.
miércoles, 12 de marzo de 2014
3600 tic-tacs
Recogía flores que echarme a la cara para que mi alma viese un poco de color. Me conformaba con los destellos del sol que formaban la sombra de los pétalos en el suelo, me aliviaban las ganas de alegrarme que ofrecían estos cuando al mirarlos, sentía mis pupilas como ellos, y florecía con prudencia aquel destello en mi interior. Dejando en la sombra a mis penas. Y así, los pétalos de la flor que miraba, pudiesen fijarse también en los resquicios de felicidad que había en mi alma por su belleza, y en los destellos de esperanza que gracias a ella tenía.
A veces ni las flores que recogía, ni los destellos de los días más soleados, conseguían ensombrecer la noche, paisaje principal en la película de mi presente, que se reproducía de manera en que los segundos se encontraban a las puertas del tiempo, y uno dejaba pasar al otro, y viceversa, y así, no se decidían a entrar, y parecía que nunca pasaban, y si lo hacían, llegaban a una habitación sin luna, sin estrellas, sin nada que ilumine la forma de las baldosas del suelo, las cortinas de aquel cuarto, a uno mismo. Pero entonces, de alguna manera, conseguía ver tu imagen, y no me preguntes cómo, pero así, el tiempo pasaba más rápido, hasta que los segundos se convertían en minutos, los minutos en horas y las horas, en un pedazo de tu recuerdo que se esfumaba en la oscuridad como el vaho de tu boca en las noches frías que pasamos, con la única diferencia, de que esta vez no habían lunas que se reflejaran en tu sonrisa.
Y así, sin darme cuenta, recogiendo flores, recordándote en las sombras de sus pétalos, allá en ese cuarto oscuro donde pasaban los segundos con retraso de 3600 tic-tacs del reloj, donde no había luz y donde solo se encontraba tu recuerdo, se esfumó.
Hoy, ese cuarto quedó vacío, y sin haber luz en él. No me importa que no hayan estrellas, lunas o destellos. Ahora, utilizo ese cuarto solo para sentarme y contarte, como acabó contigo el tiempo, y si te escribo, ya no es a ti, sino al cemento de las paredes que le dan forma, pues no hay bestia más grande que él, que ha conseguido que donde antes estaban ensombrecidas las oscuridades de mi alma, ahora pueda ver la sombra de las flores que recojo en días en los que el sol, más que destellos de esperanza, me los da de inspiración.
A veces ni las flores que recogía, ni los destellos de los días más soleados, conseguían ensombrecer la noche, paisaje principal en la película de mi presente, que se reproducía de manera en que los segundos se encontraban a las puertas del tiempo, y uno dejaba pasar al otro, y viceversa, y así, no se decidían a entrar, y parecía que nunca pasaban, y si lo hacían, llegaban a una habitación sin luna, sin estrellas, sin nada que ilumine la forma de las baldosas del suelo, las cortinas de aquel cuarto, a uno mismo. Pero entonces, de alguna manera, conseguía ver tu imagen, y no me preguntes cómo, pero así, el tiempo pasaba más rápido, hasta que los segundos se convertían en minutos, los minutos en horas y las horas, en un pedazo de tu recuerdo que se esfumaba en la oscuridad como el vaho de tu boca en las noches frías que pasamos, con la única diferencia, de que esta vez no habían lunas que se reflejaran en tu sonrisa.
Y así, sin darme cuenta, recogiendo flores, recordándote en las sombras de sus pétalos, allá en ese cuarto oscuro donde pasaban los segundos con retraso de 3600 tic-tacs del reloj, donde no había luz y donde solo se encontraba tu recuerdo, se esfumó.
Hoy, ese cuarto quedó vacío, y sin haber luz en él. No me importa que no hayan estrellas, lunas o destellos. Ahora, utilizo ese cuarto solo para sentarme y contarte, como acabó contigo el tiempo, y si te escribo, ya no es a ti, sino al cemento de las paredes que le dan forma, pues no hay bestia más grande que él, que ha conseguido que donde antes estaban ensombrecidas las oscuridades de mi alma, ahora pueda ver la sombra de las flores que recojo en días en los que el sol, más que destellos de esperanza, me los da de inspiración.
viernes, 31 de enero de 2014
Espacio temporal.
Cada segundo, cada segundo que pasa, que paso, lo invierto en analizar como te veo incluso cuando no te estoy mirando, te imagino y me escalofría soñar con que es real el baile de tus manos, el ritmo de tus movimientos, la fluidez de tus giros. Pero me alegra tanto soñarte como me decepciona el hacerlo, y así, cada segundo.
Constantemente, constantemente pienso en ti, constantemente te echo en falta y atrapado en mis pensamientos libero un cúmulo de sensaciones. Tus gestos, tus manías, tus cualquier cosa son una excusa más para recordarte. Y así, te recuerdo constantemente.
A veces sí, a veces sí te mataría sin rencor, a veces sí te mataría pero a poesía, y otras veces te estrangularía con mis versos nacidos bajo el cobijo del idilio más certero. A veces no, a veces no te mentiría con versos maquillados por tu imagen en mi cabeza, y así, te darías cuenta de que solo con tu ausencia, soy capaz de ser aquel intento de poeta que pretende acariciarte con algún párrafo agradable, y que a veces, sí te echaría tanto de menos, como para que en un desgarro del alma, escriba otro verso con el que consiga que a veces, no sienta tan lejos tu piel, y más que con palabras, con la mano que te escribe, pudiera acariciarte.
Y así, te echo de menos hasta que muero y consigo acercarme, aunque solo sea por un segundo, un segundo que disfruto constantemente en una eternidad a la que solo llego, dependiendo de mis versos; a veces sí, a veces no.
martes, 7 de enero de 2014
Gloomy sunday.
Era un miserable, por mi sangre corría el fracaso y mis pulmones se vaciaban con cada bocanada de un intenso humo de vergüenza. Sin embargo, inexplicablemente aun seguía intoxicando mis entrañas con cada segundo que seguía vivo. Me pregunté cientos de veces que me forzaba a seguir viendo como pasan los días, contemplando como en cada uno de ellos, deseo más aun el fin. No obtuve respuesta y de ella, fue fruto la explicación de mi existencia. Dios me ha dado el mayor regalo que un hombre pueda recibir, y lo ha hecho de manera que no turbe el futuro, el haberlo conocido. A las almas sin vida que recorren los segundos, a esas almas que mueren más que viven cuando deambulan, a esas almas que se merecen la recompensa más penosa, Dios se las brinda cuando llega el momento adecuado. Por eso, hoy, a mí, el escombro de una vida, Él me da la llave que me ayude a escapar de estar preso en esta pesadilla insomnica. Goza de generosidad y me tiende un camino hacia el más penoso deseo.
¿Aun seré tan miserable que ni si quiera seré capaz de aceptar un regalo de Dios? Dudo tanto de mi fe en la vida como en la muerte, penosa indecisión que me abraza. Me acecha el miedo a equivocarme y me empuja a una catarata de incertidumbre con una caída inevitable, pues mis fuerzas por seguir en pie, por correr entre mis miedos y mis recuerdos atravesando los matojos del fracaso, por cumplir aunque sea mi último deseo y comenzar una nueva vida allá en lo que llaman muerte, allá en lo que llamo suerte, se asfixian por el cansancio de una vida de decepciones y lágrimas, que más que lágrimas son pedazos de un alma que tirita por el frío de una nocturna atmósfera.
Así, más miserable que hace un par de pensamientos, sigo intoxicándome de vida y soñando con respirar una muerte permanente, en la que no lata mi corazón, pero se oxigene mi alma. Ahora ÉL retuerce mi deseo y lo transforma en vergüenza. Mi sangre recorre el destino de aquella catarata y se ahoga con el tiempo. Descanso en un universo de finales, y paciente con los días, espero.
¿Aun seré tan miserable que ni si quiera seré capaz de aceptar un regalo de Dios? Dudo tanto de mi fe en la vida como en la muerte, penosa indecisión que me abraza. Me acecha el miedo a equivocarme y me empuja a una catarata de incertidumbre con una caída inevitable, pues mis fuerzas por seguir en pie, por correr entre mis miedos y mis recuerdos atravesando los matojos del fracaso, por cumplir aunque sea mi último deseo y comenzar una nueva vida allá en lo que llaman muerte, allá en lo que llamo suerte, se asfixian por el cansancio de una vida de decepciones y lágrimas, que más que lágrimas son pedazos de un alma que tirita por el frío de una nocturna atmósfera.
Así, más miserable que hace un par de pensamientos, sigo intoxicándome de vida y soñando con respirar una muerte permanente, en la que no lata mi corazón, pero se oxigene mi alma. Ahora ÉL retuerce mi deseo y lo transforma en vergüenza. Mi sangre recorre el destino de aquella catarata y se ahoga con el tiempo. Descanso en un universo de finales, y paciente con los días, espero.
martes, 24 de diciembre de 2013
Magic dreams
¡PUM!
La alegría acosaba a todas las almas
que inútilmente intentaban escapar.
Todos buscaban esa magia sin saber muy bien que era,
se reunían de todas partes de la ciudad,
de todas las ciudades del mundo,
y borraban con patadas en el suelo las fronteras.
Liberaban las pasiones y encerraban sus tristezas,
volaban los problemas y se esfumaban las penas.
Movimientos de piernas, giros de caderas,
cristales rotos por el suelo,
manchas en las camisas que limpiaban sus almas.
Las heridas se curaban con cada nueva nota,
viajaban al éxtasis con cada paso nuevo.
La música latía dentro de todos los que estaban en ese bar,
sus corazones vibraban dentro de cada instrumento,
de cada tecla.
Volaba en el ambiente algún pájaro,
olía a un perfume que no venía en frasco,
como a un sudor con el que se iban las gotas que un día colmaron el vaso.
Los vasos, las copas, las botellas,
la ausencia de remordimientos,
el perdón común por todos los pecados,
la unión de una paz solidaria,
la verdadera belleza de cada humano.
Se desnudaban las sonrisas,
se despojaban de los complejos,
de la vergüenza y los prejuicios,
se vestían con un traje color seguridad.
La perspicacia de una mirada,
la puntualidad de una sonrisa,
la precisión de un gesto,
la agudeza del ambiente,
la sensualidad que se palpaba.
El sereno que invadía la noche
se vaporizaba dentro de ese antro
con cada nueva nota que nacía del piano.
Parto tras parto,
nacía un ritmo nuevo,
hasta que el bajista,
con unas últimas caricias a sus cuerdas,
el pianista,
con unas últimas caricias a sus teclas,
el batería,
con unas últimas caricias a sus baquetas,
y aquel cantante desconocido que una noche más,
se había convertido en el héroe del lugar,
bajaban del escenario que,
durante unas cuantas canciones,
había sido su altar.
La gente cogía su abrigo y volvía
sin casi darse cuenta a la cruda realidad,
pero con el recuerdo de otro día
en el que las sonrisas de aquel bar,
las había puesto el jazz.
Chico Hamilton (21/09/21-26/11/13)
Personifi-jazz-tion.
Así eres tú, impredecible como la siguiente nota cuando improviso, impresionante como la luz con la que alumbras mis pensamientos más oscuros. Huracán de pasiones, tormenta de sorpresas, como cuando sin esperarlo vienes tú y me besas. Aceleras sin frenos, me atropellas, a mi y a mis sentidos, me enloqueces y me salvas. Aceleras mis pulsaciones, me atropellas, a mi y a mis miedos, me enloqueces si me abrazas. Consumo sin reparo de tus caricias, atrapo el cielo y lo siento entre mis brazos si te abrazo, el viento me acaricia suave, tal brisa, luego consigues que entre un frío por mis pies y entonces me erizo, siento un escalofrío, y un fino hormigueo en mi estómago se forma, producto automático de aquellas mariposas que traen la mejor primavera a mis inviernos, que me alegran si entristezco, que son la semilla que trae miles de frutos y razones por las que te quiero.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Alcoholizamiento.
Alcohol era un bar en el que los recuerdos se nublaban,
donde las cervezas pedían llenas de mentes sus jarras.
Había un piano que tocaba la nostalgia de una manera perfecta,
y el saxo tocaba sobre una mujer hecha pedazos.
Soledad siempre acompañaba a sus clientes,
empujaba a emborracharse a las almas tristes.
El suelo de ese antro era fregado con las lágrimas de un cualquiera,
pero desgraciadamente todo el mundo iba,
el truco estaba en las camareras.
Sexys, precisas, preciosas sus sonrisas,
te engañaban sus miradas si pensabas irte,
alcoholizaban tus pensamientos con ojos de nostalgia.
En ese lugar no había hueco para lo común,
la moral se escondía en la espuma de la cerveza,
las verdades se jugaban como cartas en la mesa.
Apostar al futuro siempre era perder dinero,
pero todos lo hacían con cada trago de tristeza,
siempre que salían vacías, sus carteras.
Era fugarse de una pesadilla sentarse en la barra de ese bar,
pero te hacía soñar cada grado de licor que te besaba los labios.
Sin duda, era un bar cualquiera,
era el sitio más común para el borracho de tristeza,
aquel que bebe lágrimas de sangre
y vacía su alma si algún recuerdo oscuro y amargo,
moja sus entrañas con cerveza.
donde las cervezas pedían llenas de mentes sus jarras.
Había un piano que tocaba la nostalgia de una manera perfecta,
y el saxo tocaba sobre una mujer hecha pedazos.
Soledad siempre acompañaba a sus clientes,
empujaba a emborracharse a las almas tristes.
El suelo de ese antro era fregado con las lágrimas de un cualquiera,
pero desgraciadamente todo el mundo iba,
el truco estaba en las camareras.
Sexys, precisas, preciosas sus sonrisas,
te engañaban sus miradas si pensabas irte,
alcoholizaban tus pensamientos con ojos de nostalgia.
En ese lugar no había hueco para lo común,
la moral se escondía en la espuma de la cerveza,
las verdades se jugaban como cartas en la mesa.
Apostar al futuro siempre era perder dinero,
pero todos lo hacían con cada trago de tristeza,
siempre que salían vacías, sus carteras.
Era fugarse de una pesadilla sentarse en la barra de ese bar,
pero te hacía soñar cada grado de licor que te besaba los labios.
Sin duda, era un bar cualquiera,
era el sitio más común para el borracho de tristeza,
aquel que bebe lágrimas de sangre
y vacía su alma si algún recuerdo oscuro y amargo,
moja sus entrañas con cerveza.
lunes, 2 de diciembre de 2013
Literatura marítima.
Vivo en busca de una nueva frase que me empuje a escribir como nunca antes lo he hecho. Se llenan de fuerzas mis palabras cuando pienso en que mi mejor texto aun está por llegar. Surco mares de dudas, me ahogo en mis ideas y solo consigo respirar cuando el alma consigue dar un suspiro con el que soltarme alguna que otra palabra que alimente mis lágrimas. Llego a buen puerto si encuentro el momento adecuado para una pausa, para una coma, un punto, o alguna locución precisa. A veces, en medio del viaje, alguna gran ola de inspiración choca con mi barco de palabras, y tambalean en mi mente miles de ideas, algunas caen y se hunden, otras perecen y las escribo. Cuando ya llevo un buen rato navegando sin rumbo, encuentro en mi camino a algún marinero que consiguió sobrevivir a las grandes tormentas, y lo rescato con una nueva frase. Me siento un buen capitán cuando escribo y quedo satisfecho, soy quizá un héroe, que más que salvar vidas, salva palabras de los peores mares de dudas, las rescata de las más fuertes tormentas de ideas, y cuando consigue escribir algo decente, echa el ancla con un punto y final, hasta otro nuevo viaje por la escritura.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Tormenta de versos.
Me concentro en despistarme para que sin querer me sorprendas.
Te doy la espalda si te veo venir
y me das la vuelta cuando llegas.
Me alejo de ti,
y es que me encanta ver como te acercas.
Me escapo en tus labios de este mundo si me besas.
Muero en tu mirada, refugiándome en el ojo de tu tormenta.
Me olvido de lo que te quiero,
y es que adoro ver con qué facilidad me lo recuerdas.
Me tiendes tu mano.
La rechazo.
Aprovecho.
Abro mis alas.
Vuelo en tus abrazos.
Después,
te hago rabiar para que no me perdones.
(¡Qué feliz soy cuando consigo que me disculpes!)
Luego veo como sonríes sin que te vea.
Te escondes.
Amo que no quieras que sepa que te vuelve loca que te incordie.
Una vez más no me resisto y me acerco,
te sorprendo dándote la vuelta.
Te cojo de la mano.
Te miro a los ojos.
Te beso y te cuento,
que no sé que me pasa,
que mi amor por ti, no atiende a razones.
domingo, 24 de noviembre de 2013
El tahúr.
Cada mañana era igual para mí. Despertaba en la cama de un hotel de 5 estrellas con el calor en el lado izquierdo de mi almohada fruto de la reciente ausencia de la mujer que amo, mujer que ahora hace café para mí. Me alegra esto, me alegra despertarme a las 6:00 am. siempre, porque siempre me espera una digna escena de película romántica que todos querríamos vivir alguna vez.
Quizás por lo particular de mi película, aun no ha sido rodada ni estrenada en ningún cine. Pero me contenta saber de ello que soy el protagonista, del primer filme de mi vida. Mi felicidad me la da el mal que causo a los que confían en que la conciencia es algo personal y libre de cada uno, mientras ven como otros roban sin pensarlo las limosnas que recauda el pobre; limosnas que ese mismo ladrón le dio antes a cambio de algún favor o trabajo sucio. Esos actos que simplemente he visto en otros, hoy los hago yo, por ello, tengo la vida de lo que es considerado un triunfador en esta sociedad, y esa fama que me precede, me ayuda a manejar a las personas a mi antojo, me ayuda a sentirme bien cuando "traiciono" o cuando "miento", y lo escribo entre comillas, porque todo eso son conceptos creados por el hombre, inyectados en nuestras venas desde que nacemos, para que los grandes jugadores, los que crean la ley y la trampa, puedan dominarnos para no perder su buena vida. Juegan con nosotros partidas de ajedrez, luchan por territorios y no temen perder, porque aunque los eliminen de la partida, seguirán viviendo como buenos espectadores del resto de jugadores. Entonces, vive tranquilo solo aquel que no será ficha en este juego, y quien vive tranquilo, no teme a romper las reglas del juego, ya que su papel en el ajedrez, es ser el que mueve las piezas a su merced.
Algunos pensarán que me creo demasiado especial, cuando solo soy un idiota más que vive engañándose a sí mismo, creyendo ser libre aunque realmente sea un pobre desgraciado que es feliz en su propia ignorancia. Entonces, comprenderé que lo que os hace sentiros mejor por pensar así acerca de mí, es una envidia viral e incontrolable, pues, decidme amigos míos, como es posible que sea malo vivir en la ignorancia, si en ese lugar poseo lo que vosotros buscáis en la verdad; la felicidad.
Son las 12 del mediodía y ya estoy en el taxi camino al aeropuerto: Mañana no me despertaré en una cama con la mujer que amo y no estará ella preparándome el café. Será una mañana diferente a las que estoy acostumbrado, pero bueno, estará la mujer que amo para hacerme compañía, por tanto, si yo fuera como vosotros, fichas de marfil, también hoy sería feliz y afortunado.
Son las 15:30. Ya estoy en la cabina, ando ansioso por despegar y normalizar el vuelo, así podré poner el piloto automático y disfrutar de la presencia de Ana. Cuánto la amo. No había pensado en ella en los últimos días, no la echaba de menos. Pero ahora, me he olvidado de Lucía, de su sonrisa y sus miradas cuando de reojo conseguía verme mientras me preparaba el café esta mañana.
Al fin hemos despegado. Ya está el piloto automático puesto, y por lo bien que parece estar el día, no creo que haya ninguna complicación, al menos durante las primeras 6 horas de vuelo. Mi compañero de vuelo ha ido a charlar con el resto de azafatas a modo de favor hacia mí. Ya se lo devolveré, siempre hay ocasión de hacerlo. Ana se ha dado cuenta de la oportunidad que tenía, y sin parecer desesperada, ha entrado en la cabina de mandos, yo ya la estaba esperando con dos copas en la mano.
<<Te amo>> Le dije en cuanto el 'click' de la puerta sonó.
Nos tomamos la copa. Nos miramos. Sonreímos. Nos besamos. Desnudos le vuelvo a repetir cuanto la amo, y ella me responde con un <<y yo>> Hoy sin duda, será un buen vuelo. Me encanta estar con ella, su forma de ser y su personalidad, su cuerpo de ensueño y su baja estatura que intenta disimular con altos y sexys tacones. Me encanta.
Queridos amigos, no me podréis negar, que lo que sentimos el uno por el otro es maravilloso, es digno de esa película que aun no se ha grabado ¡qué gran historia de amor sería! Lástima me da que me imagine ser estas palabras, y vea así como se refleja en vuestra mirada lo que pensáis al leer este fragmento.
Recordad, que si hay algo que está bien en este mundo, sea cual sea la sociedad en la que vivas o la mentalidad que tengas, es el el amor. A todos nos ayuda. El amor, cuando se escribe, cuando aun no has empezado a borrar palabras, es vida. Es verdad que siempre, acaba borrándose por completo ese libro, pero no veo nada negativo en volver a escribir otro nuevo totalmente diferente. Si ahora me leéis, como a mi, a vosotros os gustará leer historias, por ello, el acabar con un amor, es acabar un libro que te ha encantado, y en lugar de seguir pensando en ese libro, buscas otros que puedan ser iguales de buenos y mejores. En cada historia que lees, vivirás experiencias nuevas. En cada nuevo amor que nace, rodarás nuevas películas, películas que cuando acaban, solo duran en tu memoria lo que la sal de las palomitas en tus labios al salir del cine.
Con esto, acompañantes de mis pensamientos, os quiero decir, que no tiene sentido la tristeza cuando cierra la puerta el bar en el que bebes feliz de un amor, si justo a la vuelta de la esquina, hay otro bar deseando que entres, otra botella esperando a ser descorchada. Así que yo, considerándome amante del cine, de las buenas canciones, de los buenos bares y los buenos libros. Yo que ando sin cargar a mi espalda el peso de la conciencia y la moral. Aprovecho mi control de la partida, para jugar mis piezas como se me antoja, amando a cada una de ellas y moviéndolas por el tablero a base de mentiras y secretos, haciéndoles creer que son únicas cuando les digo que las amo, disfrutando de buen cine, buena literatura, buena música, y en definitiva, buenas vidas paralelas.
Quizás por lo particular de mi película, aun no ha sido rodada ni estrenada en ningún cine. Pero me contenta saber de ello que soy el protagonista, del primer filme de mi vida. Mi felicidad me la da el mal que causo a los que confían en que la conciencia es algo personal y libre de cada uno, mientras ven como otros roban sin pensarlo las limosnas que recauda el pobre; limosnas que ese mismo ladrón le dio antes a cambio de algún favor o trabajo sucio. Esos actos que simplemente he visto en otros, hoy los hago yo, por ello, tengo la vida de lo que es considerado un triunfador en esta sociedad, y esa fama que me precede, me ayuda a manejar a las personas a mi antojo, me ayuda a sentirme bien cuando "traiciono" o cuando "miento", y lo escribo entre comillas, porque todo eso son conceptos creados por el hombre, inyectados en nuestras venas desde que nacemos, para que los grandes jugadores, los que crean la ley y la trampa, puedan dominarnos para no perder su buena vida. Juegan con nosotros partidas de ajedrez, luchan por territorios y no temen perder, porque aunque los eliminen de la partida, seguirán viviendo como buenos espectadores del resto de jugadores. Entonces, vive tranquilo solo aquel que no será ficha en este juego, y quien vive tranquilo, no teme a romper las reglas del juego, ya que su papel en el ajedrez, es ser el que mueve las piezas a su merced.
Algunos pensarán que me creo demasiado especial, cuando solo soy un idiota más que vive engañándose a sí mismo, creyendo ser libre aunque realmente sea un pobre desgraciado que es feliz en su propia ignorancia. Entonces, comprenderé que lo que os hace sentiros mejor por pensar así acerca de mí, es una envidia viral e incontrolable, pues, decidme amigos míos, como es posible que sea malo vivir en la ignorancia, si en ese lugar poseo lo que vosotros buscáis en la verdad; la felicidad.
Son las 12 del mediodía y ya estoy en el taxi camino al aeropuerto: Mañana no me despertaré en una cama con la mujer que amo y no estará ella preparándome el café. Será una mañana diferente a las que estoy acostumbrado, pero bueno, estará la mujer que amo para hacerme compañía, por tanto, si yo fuera como vosotros, fichas de marfil, también hoy sería feliz y afortunado.
Son las 15:30. Ya estoy en la cabina, ando ansioso por despegar y normalizar el vuelo, así podré poner el piloto automático y disfrutar de la presencia de Ana. Cuánto la amo. No había pensado en ella en los últimos días, no la echaba de menos. Pero ahora, me he olvidado de Lucía, de su sonrisa y sus miradas cuando de reojo conseguía verme mientras me preparaba el café esta mañana.
Al fin hemos despegado. Ya está el piloto automático puesto, y por lo bien que parece estar el día, no creo que haya ninguna complicación, al menos durante las primeras 6 horas de vuelo. Mi compañero de vuelo ha ido a charlar con el resto de azafatas a modo de favor hacia mí. Ya se lo devolveré, siempre hay ocasión de hacerlo. Ana se ha dado cuenta de la oportunidad que tenía, y sin parecer desesperada, ha entrado en la cabina de mandos, yo ya la estaba esperando con dos copas en la mano.
<<Te amo>> Le dije en cuanto el 'click' de la puerta sonó.
Nos tomamos la copa. Nos miramos. Sonreímos. Nos besamos. Desnudos le vuelvo a repetir cuanto la amo, y ella me responde con un <<y yo>> Hoy sin duda, será un buen vuelo. Me encanta estar con ella, su forma de ser y su personalidad, su cuerpo de ensueño y su baja estatura que intenta disimular con altos y sexys tacones. Me encanta.
Queridos amigos, no me podréis negar, que lo que sentimos el uno por el otro es maravilloso, es digno de esa película que aun no se ha grabado ¡qué gran historia de amor sería! Lástima me da que me imagine ser estas palabras, y vea así como se refleja en vuestra mirada lo que pensáis al leer este fragmento.
Recordad, que si hay algo que está bien en este mundo, sea cual sea la sociedad en la que vivas o la mentalidad que tengas, es el el amor. A todos nos ayuda. El amor, cuando se escribe, cuando aun no has empezado a borrar palabras, es vida. Es verdad que siempre, acaba borrándose por completo ese libro, pero no veo nada negativo en volver a escribir otro nuevo totalmente diferente. Si ahora me leéis, como a mi, a vosotros os gustará leer historias, por ello, el acabar con un amor, es acabar un libro que te ha encantado, y en lugar de seguir pensando en ese libro, buscas otros que puedan ser iguales de buenos y mejores. En cada historia que lees, vivirás experiencias nuevas. En cada nuevo amor que nace, rodarás nuevas películas, películas que cuando acaban, solo duran en tu memoria lo que la sal de las palomitas en tus labios al salir del cine.
Con esto, acompañantes de mis pensamientos, os quiero decir, que no tiene sentido la tristeza cuando cierra la puerta el bar en el que bebes feliz de un amor, si justo a la vuelta de la esquina, hay otro bar deseando que entres, otra botella esperando a ser descorchada. Así que yo, considerándome amante del cine, de las buenas canciones, de los buenos bares y los buenos libros. Yo que ando sin cargar a mi espalda el peso de la conciencia y la moral. Aprovecho mi control de la partida, para jugar mis piezas como se me antoja, amando a cada una de ellas y moviéndolas por el tablero a base de mentiras y secretos, haciéndoles creer que son únicas cuando les digo que las amo, disfrutando de buen cine, buena literatura, buena música, y en definitiva, buenas vidas paralelas.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Lluvia seca.
Desde hacía un tiempo, las palabras que escribía eran forzadas, se tomaba la escritura como un trabajo, una obligación, y no como lo que de verdad era; un placer del cual solo quien era capaz de apreciarlo de verdad, conseguía escribir alguna que otra frase que le ayudase a tomar oxígeno para no ahogarse en el mar de gotas que colma el alma.
Sin darse cuenta, le entraron unas ganas inmensas por transformar sus pensamientos, y así, con algo de música de fondo, comenzó a crear historias que salían de sus entrañas. Las palabras se superponían unas sobre otras, necesitaba tanto expresarse, y tenía tantas ansias por volver a escribir algo bueno, que despojaba de sentido a sus frases, desnudando así sus esbozos.
De nuevo, se apoderó de él la frustración por no poder aprovechar la suerte que tenía en ese momento, pues como escritor sufridor y padre de versos interiores, no conseguía transformar en rocío la tinta que lloraba desde su bolígrafo. Surcaban por sus venas las mejores sensaciones y desembocaba en sus relatos, el río de inspiración que salía de su tristeza. Tal era la marejada de sentimientos retenida en sus adentros ese instante, que se ahogaba cualquier palabra que deseaba llegar a tierra firme. Morían soñadoras aquellas quienes, por un instante, desearon vivir en su folio, descansando así en paz.
Quién sabe si tal vez, intentando proteger así el alma del poeta, sus palabras callaban el sufrimiento que acumulaba, para no gritar al mundo, que las penas traerían alegría, pues alegría era escribir para él.
Salvando al resto, de la búsqueda de un sufrimiento inexistente, de un espejismo en el que nacen palabras, de un ansia por disfrazar de inspiración a cualquier golpe de la vida.
Al fin lo comprendió todo, recordando una frase que dormía en su memoria:
"No es propósito de nuestra pluma o nuestra mente, sino hija fugaz de nuestras pasiones, la literatura"
Sin darse cuenta, le entraron unas ganas inmensas por transformar sus pensamientos, y así, con algo de música de fondo, comenzó a crear historias que salían de sus entrañas. Las palabras se superponían unas sobre otras, necesitaba tanto expresarse, y tenía tantas ansias por volver a escribir algo bueno, que despojaba de sentido a sus frases, desnudando así sus esbozos.
De nuevo, se apoderó de él la frustración por no poder aprovechar la suerte que tenía en ese momento, pues como escritor sufridor y padre de versos interiores, no conseguía transformar en rocío la tinta que lloraba desde su bolígrafo. Surcaban por sus venas las mejores sensaciones y desembocaba en sus relatos, el río de inspiración que salía de su tristeza. Tal era la marejada de sentimientos retenida en sus adentros ese instante, que se ahogaba cualquier palabra que deseaba llegar a tierra firme. Morían soñadoras aquellas quienes, por un instante, desearon vivir en su folio, descansando así en paz.
Quién sabe si tal vez, intentando proteger así el alma del poeta, sus palabras callaban el sufrimiento que acumulaba, para no gritar al mundo, que las penas traerían alegría, pues alegría era escribir para él.
Salvando al resto, de la búsqueda de un sufrimiento inexistente, de un espejismo en el que nacen palabras, de un ansia por disfrazar de inspiración a cualquier golpe de la vida.
Al fin lo comprendió todo, recordando una frase que dormía en su memoria:
"No es propósito de nuestra pluma o nuestra mente, sino hija fugaz de nuestras pasiones, la literatura"
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Dudas malheridas.
Mil dudas amenazan de nuevo con tumbar mis murallas. Me han debilitado tantas veces, que pienso que a la próxima venceré a bocajarro a la agudeza de mis pensamientos. Lucho a diario contra tal agonía, trato de superponer mis deseos a mis sentencias, contradiciendo a la razón con suma calma, engañándome, haciéndome creer que lucho por mis deseos para pulcritud de mi conciencia.
Es el estilo de vida que llevo, sin parar de sonreír en compañía, sin fuerzas para secar mis lágrimas a solas, lo que complementa mis titubeos interiores.
Me ayudo de las páginas que gasto con palabras que me vacían, para llenarme de confianza, y creer en mis pretensiones como si de mis juicios se tratase, a cada verso que trazo, lanzo un puñal al infierno, arropo de frío al invierno, consigo hacer sufrir a mi incertidumbre, y escribo:
Ahora siento,
mi vida muere y resucitan mis adentros,
doy frío siendo hielo, y si ardo quemo,
soy la fruta que cae en tus senos,
hojas de otoño que caen en mi folio,
letras que se esparcen en orden correcto,
momento justo con el tiempo exacto.
Gano otra batalla con tu fuerza,
el sentimiento de existir cuando tu existes me alimenta,
y salgo impetuoso, venciendo a tal tormenta.
martes, 19 de noviembre de 2013
Deseo cumplido.
No pretendo ser tu estro,
ni rezaría plegarias por serlo.
Jamás he regado tal flor,
y si estuviese equivocado,
nunca bañé de mis letras tal grano.
Queda claro.
Mi escudo a tu disfraz de musa,
pues, aunque desees serlo,
y me alaga tal deseo,
en mi vida pensé
que fuera posible cumplirlo.
No te engañaré si te digo,
que pensando en ti te escribo.
Pero, no caigas en la emoción,
primera y última letra de la cual,
te permitiré ser tú, su sor.
Explicarte si que pretendiera,
que imposible sería que te escribiera,
porque si estos versos naciesen en el corazón,
me volvería incapaz de componer para ti,
ya que, si me librase de esta libertad
para vivir en tu cárcel,
me dejarías sin palabras al verte, al tenerte,
al besarte,
nunca lograría encontrar la palabra perfecta para describirte.
Así, es el amor,
enmudece almas
hasta que grita en nosotros,
como lágrimas
que golpean una vida,
hasta dejar roto nuestro foco.
Óscar Álvarez.
sábado, 16 de noviembre de 2013
La chica más sexy del bar de los poetas.
Entró en la taberna, ocupó toda la sala con su presencia, se quedó mirando a su alrededor, puso música de fondo con su mirada a tal momento, y colillas, copas, y miedos, cayeron al suelo. Se sentó en la esquina de la barra, y mirando hacia él, se pidió una copa.
Nunca la había visto, ni siquiera le sonaba su cara de algún recuerdo lejano, de cualquier cruce fortuito en una calle, o de una mirada incontrolada en el tranvía. Pero tenía la sensación de que ya la conocía, de que era el tipo de mujer por la que se había sentido atraído últimamente. Llevaba una mala racha, y las mujeres que conocía entraban en él y le dejaban vacío, exhausto, se llevaban su alma a cambio de unas cuantas palabras que sonaban bien, y una noche más sin dormir.
Pero esta vez no sería igual, se había cansado de obedecer a la belleza y de ser dominado por este tipo de mujeres, pero volvió a caer en sus garras, y absorto, fue absorbido de la realidad.
Que siempre entraba sin llamar, que no necesitaba pedir citas, que era arrogante e impredecible, y sobretodo, que siempre tenía las palabras adecuadas para cada momento, era lo que le enloquecía de tal dama. Gallarda y pasional, se enfrentaba con valentía a las adversidades y nada le daba más miedo que no poder soñar, le gustaba divertirse con los poetas, se acostaba con ellos hasta las tantas sin darles ni un descanso, disfrutaba solo de los verdaderos sufridores, y le susurraba al oído del que escribía sus lágrimas, las palabras perfectas para cada momento. Era fugaz y despiadada, le gustaba cambiar las copas de vino por lágrimas de sangre en ojos de cristal. Aparentaba seguridad y talante, pero era tan frágil, que igual que venía, moría entre líneas y desaparecía sin que nadie se diese cuenta. Alegraba con sufrimiento a los poetas, deliraba con pensamientos indomables y tiritaba de miedo, de miedo al abandono, pues, aunque jugaba en las noches de quien no podía dormir, a ella, nunca pudo acompañarla la inspiración.
Gracias por ser quien me hace compañía, a pesar de saber que no es a ti a quien quiero:
Nunca la había visto, ni siquiera le sonaba su cara de algún recuerdo lejano, de cualquier cruce fortuito en una calle, o de una mirada incontrolada en el tranvía. Pero tenía la sensación de que ya la conocía, de que era el tipo de mujer por la que se había sentido atraído últimamente. Llevaba una mala racha, y las mujeres que conocía entraban en él y le dejaban vacío, exhausto, se llevaban su alma a cambio de unas cuantas palabras que sonaban bien, y una noche más sin dormir.
Pero esta vez no sería igual, se había cansado de obedecer a la belleza y de ser dominado por este tipo de mujeres, pero volvió a caer en sus garras, y absorto, fue absorbido de la realidad.
Que siempre entraba sin llamar, que no necesitaba pedir citas, que era arrogante e impredecible, y sobretodo, que siempre tenía las palabras adecuadas para cada momento, era lo que le enloquecía de tal dama. Gallarda y pasional, se enfrentaba con valentía a las adversidades y nada le daba más miedo que no poder soñar, le gustaba divertirse con los poetas, se acostaba con ellos hasta las tantas sin darles ni un descanso, disfrutaba solo de los verdaderos sufridores, y le susurraba al oído del que escribía sus lágrimas, las palabras perfectas para cada momento. Era fugaz y despiadada, le gustaba cambiar las copas de vino por lágrimas de sangre en ojos de cristal. Aparentaba seguridad y talante, pero era tan frágil, que igual que venía, moría entre líneas y desaparecía sin que nadie se diese cuenta. Alegraba con sufrimiento a los poetas, deliraba con pensamientos indomables y tiritaba de miedo, de miedo al abandono, pues, aunque jugaba en las noches de quien no podía dormir, a ella, nunca pudo acompañarla la inspiración.
Gracias por ser quien me hace compañía, a pesar de saber que no es a ti a quien quiero:
Premio a la inspiración,
es nuestro esfuerzo,
escribir a sangre,
jugarse la vida
y el corazón,
cada día,
en cada verso.
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