¡PUM!
La alegría acosaba a todas las almas
que inútilmente intentaban escapar.
Todos buscaban esa magia sin saber muy bien que era,
se reunían de todas partes de la ciudad,
de todas las ciudades del mundo,
y borraban con patadas en el suelo las fronteras.
Liberaban las pasiones y encerraban sus tristezas,
volaban los problemas y se esfumaban las penas.
Movimientos de piernas, giros de caderas,
cristales rotos por el suelo,
manchas en las camisas que limpiaban sus almas.
Las heridas se curaban con cada nueva nota,
viajaban al éxtasis con cada paso nuevo.
La música latía dentro de todos los que estaban en ese bar,
sus corazones vibraban dentro de cada instrumento,
de cada tecla.
Volaba en el ambiente algún pájaro,
olía a un perfume que no venía en frasco,
como a un sudor con el que se iban las gotas que un día colmaron el vaso.
Los vasos, las copas, las botellas,
la ausencia de remordimientos,
el perdón común por todos los pecados,
la unión de una paz solidaria,
la verdadera belleza de cada humano.
Se desnudaban las sonrisas,
se despojaban de los complejos,
de la vergüenza y los prejuicios,
se vestían con un traje color seguridad.
La perspicacia de una mirada,
la puntualidad de una sonrisa,
la precisión de un gesto,
la agudeza del ambiente,
la sensualidad que se palpaba.
El sereno que invadía la noche
se vaporizaba dentro de ese antro
con cada nueva nota que nacía del piano.
Parto tras parto,
nacía un ritmo nuevo,
hasta que el bajista,
con unas últimas caricias a sus cuerdas,
el pianista,
con unas últimas caricias a sus teclas,
el batería,
con unas últimas caricias a sus baquetas,
y aquel cantante desconocido que una noche más,
se había convertido en el héroe del lugar,
bajaban del escenario que,
durante unas cuantas canciones,
había sido su altar.
La gente cogía su abrigo y volvía
sin casi darse cuenta a la cruda realidad,
pero con el recuerdo de otro día
en el que las sonrisas de aquel bar,
las había puesto el jazz.
Chico Hamilton (21/09/21-26/11/13)